Un poema exquisito que describe de forma especial y muy sentida algo tan cotidiano como irse a la cama ¡Gracias, Adriana!
Nido tibio de intrincadas desavenencias.
Gélido témpano que condensa soledades.
Refugio. Guarida. Anclaje apasionado de abrazos y caricias.
Mar bravío donde acaban lágrimas perdidas.
Lecho que abraza.
Vigilia de apacibles sueños y tremendas pesadillas
de noches vigorosas, de ardores y estampidas.
Amaneceres remolones de comenzar una nueva vida.
Cura de dolencias, descanso y remanso de cuerpos enfermos.
Burdel de entrega, de goce entrelazando vidas.
En la oscuridad clandestina invita a confidencias y,
con el clarear del día, visibiliza lo que queda.
Tantas veces ocupado, compartido por momentos,
el lecho se vislumbra vacío,
Solo con la soledad que acompaña, que consuela de soslayo.
Hay días festivos, invadidos de presencias,
de risas de niños que saltan hasta el cielo.
Hay días oscuros, de cuerpos inertes,
vueltos sobre sí mismos, rencorosos, recalcitrantes.
El cuerpo une, convoca, evoca…
Late vida entre las deshilachadas cobijas.
Adriana Cavigliasso
