Publicado en POESÍAS

Busco

Busco un zapatero

para que arregle

mis sueños.

¿Por qué un zapatero?

Para que me haga zapatos

con los que pueda trepar

por los soles y lunas

que tienen mis sueños.

Busco un jardinero

para que arregle

mis sueños.

¿Por qué un jardinero?

Para que siembre flores

en las plazas

que tienen mis sueños.

Busco una jarra

para arreglar

mis sueños.

¿Por qué una jarra?

Para poder beber

las lluvias

que tienen mis sueños.

Busco un carpintero

para que arregle

mis sueños.

¿Por qué un carpintero?

Para que me haga un baúl

donde pueda guardar

los juguetes

que tienen mis sueños.

Y cuando despierto…

¡Busco un amigo

para contarle mis sueños!

Lic. Eva Gazi

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Mi payaso

Hoy, 5 de noviembre se festeja el día del payaso. Con esta poesía saludamos a los y las profesionales de la risa y de la alegría. Este poema ganó el primer premio en el año 2004 en un concurso del Ministerio de Educación. Ilustrado por Olivia Juárez. ¡Qué la disfruten!

Voy a dibujar un payaso

que tenga risa de tiza,

y en sus ojos pintaré

dos gotitas de alegría.

Lo vestiré con crayones,

de rayas de todos colores,

y hasta le pondré botones

¡que ajusten sus pantalones!

Le haré dos enormes zapatos

con pedazos de papel,

y una corbata grandota

¡toda azul y toda rota!

Le pondré tanta pinta

a mi payaso pintado,

que todo aquel que lo mire

¡quedará maravillado!

Nos iremos a pasear,

nos pondremos a charlar,

y después que nos peleemos,

¡volveremos a jugar!

Es este payaso pintado,

¡un amigo que yo he inventado!

Eva Gazi

Publicado en POESÍAS

Versos locos

¡Feliz día de la infancia! Lo celebramos a nuestra manera… con palabras. Un poema que define la niñez con sus locuras y travesuras. Este poema es extraído del libro Versos de chocolate de Eva Gazi.

Estos versos locos
nacieron un día
en que el sol llovía
y la lluvia dormía.

 La noche viajaba
sentada en tranvía
comiendo galletas
de color sandía.

La luna coqueta 
se puso un collar
que armó con burbujas
que sacó del mar.

Las nubes cansadas
de solo vagar
se pusieron botas
para trabajar.

El viento aburrido
de tanto soplar
tocando un silbido
se puso a bailar. 


¡Qué versos tan locos
los de esta locura,
mejor me los guardo,
ya no tienen cura!

Eva Gazi

Publicado en POESÍAS

Papá

Tengo un rayito
de sol
dentro de mi corazón.
¡Es papá
que me quiere
y me da calor!

Tengo una gota
de lluvia
en mi sonrisa fresca.
¡Es papá
que me riega
con sus mimos
de amor!

Tengo un clarito
de luna
muy guardadito
en mis ojos.
¡Es papá
que protege
y cuida
mis sueños!

Papá Luna
Papá Lluvia
Papá Sol
¡Te quiero
tal como sos!

Hawa Gazi

Photo by Heike Mintel on Unsplash

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UN CUENTO DE LUNA LLENA

Desde chiquita le gustó la luna. Cada vez que la descubría, dejaba de jugar y se paraba a mirarla. “¡Hola, luna!” Le mandaba besos, pegaba algunos saltitos y continuaba jugando.

Esta niña no tenía nombre, porque tenía todos los nombres: el tuyo, el mío  el de sus amigas y quizás, también el de la luna. Sus años los contaba con los dedos de una mano. Una mano que le encantaba dibujar de todo, mientras comía pan con manteca y dulce de leche.

En cualquiera de sus dibujos siempre había un lugar para la luna: chiquita, grandota, debajo de una mesa o arriba de algún árbol. Y no faltaba la luna sonriente o enojada con algunas nubes cuando no la dejaban brillar demasiado. Nunca le salía bien redonda; pero de eso se encargaba el cielo. Como el de aquella noche que le mostró a través de la ventana una enorme, redonda y brillante súper luna.

Estaba recién bañada y con pijama que se resistía a llevarla a la cama porque aún le quedaban cachitos de ganas de seguir jugando. Se acercó a la ventana, ¡y ahí estaba! Era una luna para mirarla, mirarla tan intensamente porque parecía que ella también la miraba.

Sintió ganas de tocarla y hasta de jugar con ella, pero la voz de su mamá la mandó a la cama y finalmente se quedó dormida con un brillante lucero de plata iluminando su cara.

Pero la luna ya sabía lo que la niña quería. ¿Y cómo haría para llegar hasta ella? ¡Mmm, problema lunero había en el cielo!

Como los habitantes de la naturaleza se entienden sin hablar, pero saben lo que sienten, el viento, que siempre anda por el aire, supo lo que la luna necesitaba. Y empezó a soplar ¡Ssss! ¡Sssss! ¡Ssss!, y un montón de brisas  llegadas de todas partes fueron armando un hilo; ¡sí, un hilo de viento! Cada vez más largo, y más, y más, hasta que quedó tan alto, que llegó hasta la luna. Y la pícara redonda, más brillante que nunca, se trepó al hilo y fue descendiendo como en  un tobogán. Y ¡zas!, entró por la ventana.

Tanta claridad despertó a la niña. ¡Hola, luna!

¡Hola! ¿Quieres jugar conmigo?

Y sin esperar respuesta  salió por la ventana seguida por la niña.

¡Juguemos al barrilete! dijo la luna trepándose a una punta de ese hilo de viento. Entonces la niña, tomando  la otra punta,  salió corriendo por todas partes. ¡Estaba jugando con un barrilete de luna!

¡Tanta claridad despertó a los pájaros!

¡Tanta brisa despertó a los árboles!

Y entre pájaros y árboles asombrados la niña corría seguida por la luna, muerta de risa.

Tanta risa despertó a la mamá que corrió al dormitorio de su hija a ver qué le pasaba.

¡Hija, despierta! ¿Qué te pasa?

La niña, medio dormida, pero muy sonriente, le contestó: ¡estaba jugando con la luna!

Y se volvió a dormir. Afuera la noche también dormía bajo una luna que parecía sonreír. Pero no, solamente brillaba. ¡Como brillan los sueños y dibujos cuando ella está presente!

Y colorín, colorín, este cuento también se va a dormir.

Hawa Gazi

Photo by Arianna Giavardi on Unsplash

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Mi abuelita

¿Quieres que te cuente

cómo es mi abuelita?

¡Tiene una carita

llena de rayitas,

que no son otra cosa

que sus arruguitas!

Arrugas hermosas,

las de mi abuelita.

¡Parecen de rosa

por lo suavecitas!

En su pelo blanco

duerme una peineta

¡porque es muy coqueta

la abuelita mía!

Y sus suaves manos

son una hermosura

porque allí anida

toda su ternura.

A veces no escucha

Y entonces se enoja,

¡se pone furiosa

con sus orejitas!

¡Ah, la pucha, pucha!

-dice mi abuelita-

¿Qué, cómo, qué dijo,

que a doña Manuela

le duele la muela?

-¡Oh no, abuelita!

-respondo sonriente-

Yo tan sólo dije

¡que-doña-Manuela-

va-a-ser-abuela!

Entonces se ríe

mi abuela de Oriente,

mamá de papá,

mi linda abuelita.

¿Que cómo se llama?

¡Abuela Angelita!

Hawa Gazi

Photo by Rod Long on Unsplash

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Mi prima Elizabeth

Sumaron los años

tu bella figura.

Años sumados

a pura hermosura.

Te habitan sonrisas

junto a lagrimones:

¡Son tus emociones

de intenso verdor!

Se te quiere ¡y punto!

Sin comas que aclaren

ni un porqué sin rumbo.

Hay tantos signos

que admiran tu vida

sin un punto aparte

ni punto final.

¡Sólo se te admira

con punto seguido!

Misterioso Oriente

te pinta los ojos.

Intensos, oscuros,

con ¡sí! y con ¡no!

directos y puros.

Te comes la vida

Con salame y champagne.

¡Así de sencilla!

¡Así de exquisita!

El sol se hizo rizos

en tu cabellera

y es luna de plata

tu ansiedad viajera.

A veces con luces,

a veces con sombras,

sos tu propio cielo

que llueve alegrías

y también tristezas.

Y sos tu propia brisa

que siempre te trae

mejores sonrisas.

Así es

mi prima Elizabeth.

Concreta y actual.

sin media vuelta y sincera

va hacia la verdad

¡sea lo que sea!

Si la ven que viene,

o la ven que va,

¡déjenla pasar!

Inquietante, altiva,

sabe lo que quiere:

Un piano la espera,

se pone a cantar.

¡Mágico momento

de azul terciopelo!

Yo la llamo Primura,

¡porque es mi prima

con tanta hermosura!

Hawa Gazi

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EL PERDÓN (De Yamandú Rodríguez. Poeta, dramaturgo y narrador uruguayo)

Son las cinco de la tarde en un pago de leyenda.

A estas horas el ombú, se saca el poncho violeta

y lo tiende sobre el suelo curtido de la tranquera.

No pasa una virazón.

El patio se recalienta

con un brasero ‘e malvones, prendido no bien clarea,

a donde las ponedoras van a pintarse las crestas

y casi siempre murmuran su rosario las abejas.

El rancho es de palo a pique.

Parece que jué carreta;

porque entuavía se ven entre los yuyos dos ruedas:

una es la boca del pozo y la otra, la manguera.

Dicen que todo era dulce: el agua, el techo y la dueña,

una viejita muy blanca, que dejó viuda la guerra

con cuatro hijos varones…y se echó esa cruz a cuesta.

Sus manos son un milagro de amor, porque sale de ellas

tierno el pan del amasijo, tibia la leche que ordeña,

blanco de espuma el mantel en el altar de la mesa,

donde esas manos bendicen la caridad de la cena

con la hostia de la luna azulando la cumbrera.

Esas manos día a día, sacan calor de la rueca,

pa’ antibiar cuatro pichones que desplumó la pobreza.

Y esas manos de la madre, con diez palitos sin juerza,

van haciendo cuatro gauchos a rigor de potro y sierra.

Si alguna vez se enojaba con un gurí, siempre ella,

antes de cerrar la noche, le dio la mano derecha

para que él se la besara con un “¡perdoname vieja!”

Nunca se pudo dormir con un hijo en penitencia.

Y esa tarde, el más muchacho, estando solo con ella,

olvida la ley de Dios, levanta un puño y golpea

el pecho de aquella madre, que es un santa de güeña.

A’i no más monta a caballo dejándola cáida en tierra.

Y a la oración, cuando güelven los cuatro para la cena,

está el fogón  apagao y hay un frío de tapera…

-¡Mama!- Naide responde.

Temblando ya, la campean.

Como buscan a la altura del corazón, no la encuentran;

porque la madre está allí, pero sobre el piso: muerta.

Los cuatro mozos de luto, al campo santo la llevan.

Pesaba tan poco en vida…y aura no pueden con ella.

Doblan por las cuatro puntas aquél pañuelo de tierra…

Caian unas flores de yuyos…se santiguan…y la dejan.

Al otro día un vecino, al pasar por allí cerca,

avisa que a la finada le quedó una mano ajuera.

¡Cómo! Se miran los cuatro y ninguno malicea,

güelven, le cubren la mano y pa’ mejor protejerla

Rodean la sepultura con un corralito ‘e piedra.

Y la misma tarde, un hombre que cruza con su caballo

les dice que vio la mano otra vez a flor de tierra…

Entonces, al más muchacho, le habló al ‘oido la conciencia;

porque se puso ‘e rodillas en el corralito ´e piedra,

bajó la frente y llorando, pa´ que la madre l´ oyera,

como cuando jué gurí, dijo: “Perdoname, vieja”.

Cubrió de besos la mano…después la cubrió de tierra…

Y como salía solo pa´perdonar  la ofensa,

dende la tarde del beso ya descansó bajo tierra…

Y naides más vio la mano de la madrecita güena,

que nunca pudo dormir con un hijo en penitencia.

Photo by Andrae Ricketts on Unsplash

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Primavera…

Sos ese perdón que a veces sale tan limpio del corazón.

Sos el permiso para aquellas lágrimas no lloradas por tanto tiempo.

Sos ese ¡ay! del amor gozado y el amor sufrido; ese dolor exquisito que da placer.

Sos todas las tonalidades de cualquier color que embellecen los recuerdos de lo que no se quiere olvidar.

Sos de lejos y tan de cerca, que te toco en la caricia, te suspiro en el respiro y te duermo en mi regazo.

Sos el brote de esperanzas que ayudan a la siembra y la cosecha. Sean risas o sean llantos. Todo vale.

Sos agua y vino que refrescan y calientan los deseos.

Sos un cielo con tanto sol, tanta luna y tantos puntos de estrellas que, aún con tanta presencia, hacés sentir más las ausencias.

Sos el descanso del viento que cede lugar a la brisa, ¡y todo se vuelve un ritual de danzas con plantas y cantos con aves!

  Y yo soy un enorme ¡GRACIAS! por tanto que sos y porque siempre estás con tu perfume vegetal.

¡Eterna primavera! ¡Porción de eternidad!

Hawa Gazi

Photo by Boris Smokrovic on Unsplash

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La poesía

Quiero compartir la reflexión de un escritor sobre la poesía: “La poesía es la senda más apropiada para caminar y comprender. Su trayecto no tiene forma de faja divisoria. So es una recta gris puesta sobre lo verde, tampoco es un caminito zigzagueante entre la selva. Es el paisaje visto con perpetuo asombro. Es un derroche que enriquece al mundo. Es una lucha que se desarrolla en el secreto de las almas, que se alimenta con el infinito de la propia voz, que muere y resucita, que vuelve a morir y a retornar con los deseos magnos o comunes de la jornada actual y de la venidera. Es una iluminación que avanza sobre todo lo largo y ancho de la vida. Por esa verdad, toda verdad se siente asimilada. Por ese rumbo las personas podrían encontrarse, arder en un ideal inextinguible.”

  La poesía me enseñó a amar. Aprendí a sentir de una forma apasionada y a expresarlo. Aprendí a reír,  a escuchar y a descubrir la hermosura de la existencia. Aprendí que transitar la vida constituye un gran privilegio, y que conceder mi singularidad a la vida forma parte de mi responsabilidad. La poesía me ha robustecido y hecho posible la vida a pesar de las flaquezas y dificultades.

  ¡Amo la poesía con toda la pasión que pongo para vivir!

                                                                                                    Olga Gazi

Foto: Photo by Álvaro Serrano on Unsplash